Francisco de Goya

El principal tesoro conservado en la Calcografía Nacional son las láminas de cobre grabadas al aguafuerte por Francisco de Goya, obras cumbres de la historia universal del grabado. El estudio, investigación y difusión de la obra de Goya ocupan un lugar destacado en las actuaciones de la Calcografía.
La historia de la estampa moderna tiene su referente inicial en la producción gráfica de Francisco de Goya. Sus series gráficas –Caprichos, Desastres de la guerra, Tauromaquia y Disparates–, constituyen el punto de inflexión entre la estampa de reproducción tradicional en talla dulce y el grabado de creación en sentido moderno.

La evolución de la técnica en el arte gráfico goyesco fue continua. Goya alcanzó un extraordinario dominio de los útiles y una perfecta combinación de los procedimientos. Aguafuerte, aguatinta, aguada, punta seca, escoplo, rascador, bruñidor... son empleados con la intención de obtener calidades pictóricas, conformando un lenguaje dramático difícilmente imitable, a partir de la imbricación de intensas luces y violentas sombras; efectos de claroscuro que generan una sintaxis de considerable fuerza dramática y notable expresividad.

Al margen de sus logros técnicos, la mayor aportación de Goya a la historia de la estampa es haber sabido utilizar sus posibilidades anticipándose al arte gráfico contemporáneo y al pensamiento estético moderno. Se sirvió de la imagen impresa como vehículo de expresión de su mundo interior, sus inquietudes y dudas acerca de la sociedad que le tocó vivir. Las estampas de Goya constituyen el testimonio visual de un artista que se interroga sobre la condición humana y el devenir histórico, que es capaz de sintetizar en imágenes los dos niveles de la existencia: el trasmundo interior y el mundo de la realidad objetiva.

El ingreso de las láminas de Goya en la Calcografía Nacional ha seguido distintas vicisitudes. Las trece láminas de las Pinturas de Velázquez, junto con las del Agarrotado y San Francisco de Paula, ingresaron en la institución en 1790. Los ochenta cobres de los Caprichos, tras ser cedidos por Goya en 1803 al rey a cambio de una pensión a favor de su hijo, fueron depositados ese mismo año en la Real Calcografía. Las ochenta y dos láminas de los Desastres de la guerra –cuatro de ellas grabadas al dorso de dos paisajes– y las dieciocho de los Disparates quedaron en la Quinta del Sordo tras la salida de Goya hacia Francia, siendo adquiridas por la Academia en 1862, mientras que las láminas números 81 y 82 de los Desastres fueron donadas a la corporación académica en 1870 por Paul Lefort. Finalmente los treinta y tres cobres de la Tauromaquia, siete de ellos grabados también en anverso y reverso, fueron adquiridos en 1920 –tras diversos avatares– por el Círculo de Bellas Artes, que los tenía depositados en la Calcografía Nacional desde 1936, y comprados definitivamente por la Academia en 1979.
 
Por acuerdo de la Real Academia las láminas de Goya han dejado de estamparse, pasando de este modo a ser objeto artístico digno de exposición en lugar destacado, como obras maestras del grabado. La Calcografía Nacional expone con carácter permanente una selección de las láminas en el Gabinete Francisco de Goya, diseñado por los arquitectos Federico Correa y Alfonso Milá.
 

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