Requiem de José de Nebra

Presentación / 24 de enero de 2020
Requiem de José de Nebra
Se presenta en la Academia el disco “José de Nebra, Requiem (1758), for Doña Bárbara de Braganza” de la Orquesta La Madrileña, el Coro Victoria y Schola Antiqua.
El día 29 de agosto de 1758 se interpretó por primera vez el Oficio y Misa de difuntos de José de Nebra en las exequias de la reina Bárbara de Braganza, oficiadas en la iglesia del convento de las Salesas Reales de Madrid. Este convento fue fundado por la propia reina y es donde descansan hoy día sus restos y los de su marido, Fernando VI, fallecido un año después. La relación de Nebra con la reina venía de antiguo, en 1728 había recibido el encargo de escribir el primer cuadro del drama Amor aumenta el valor con motivo de las bodas con Fernando, aún príncipe de Asturias. Estas dos composiciones para ceremonias regias tan destacables son significativas en su trayectoria artística, ya que la fama le llegó primeramente como autor de música teatral mientras que dedicó la segunda parte de su vida exclusivamente a la composición de música sacra, etapa esta última de su carrera donde destaca, entre toda su producción, el Oficio y Misa de difuntos.

José de Nebra nació en Calatayud (Aragón) en 1702 en el seno de una familia de músicos, y desarrolló una carrera vertiginosa y precoz. En 1719, con sólo diecisiete años, ostentó el puesto de organista en el convento de las Descalzas Reales de Madrid, cargo que había ocupado años atrás Tomás Luis de Victoria. En 1722 estaba al servicio del duque de Osuna, lo que le permitiría entrar en contacto con la mejor música escénica del momento y escribir durante estos años tanto para los principales teatros públicos de Madrid como para la nobleza. Cosechó un gran éxito como autor de música teatral, no en vano se le requirió para la inauguración del nuevo teatro del Príncipe, ocasión para la que escribió la zarzuela Cautelas contra cautelas y el rapto de Ganimedes. Su obra escénica logró una difusión considerable formando un catálogo extenso con más de setenta títulos de los cuales se conservan trece.

Nebra fue nombrado organista de la Real Capilla en 1736 cuando aún reinaban Felipe V e Isabel de Farnesio. Tras coronarse Fernando VI y Bárbara de Braganza en 1746, la actividad musical de la corte vivió un gran resurgir: la reina trajo de Italia al famoso clavecinista Domenico Scarlatti como maestro de clave personal y contaba con Carlo Broschi Farinelli como director de los espectáculos musicales cortesanos. La actividad de la Real Capilla vivió, tras la coronación, un importante impulso, se la dotó de mayor presupuesto y se fomentó la creación de un nuevo archivo tras las enormes pérdidas sufridas en el incendio del Alcázar en 1734. Nebra era el segundo clave de la Orquesta Real y, por tanto, segundo director del conjunto además de primer organista de la Real Capilla. Posteriormente se creó el cargo de vicemaestro de capilla y codirector del colegio de niños cantores, puesto que ocupó Nebra y que le obligaba a atender diferentes responsabilidades, entre ellas, las de adquirir y componer música litúrgica para la Real Capilla. Estas ocupaciones probablemente le obligaron a abandonar por completo la composición de música teatral para centrarse en la producción religiosa. En cualquier caso, pudo desarrollar su carrera en sus diferentes etapas en unas condiciones inmejorables, con todos los medios a su alcance y rodeado de los mejores músicos de su época.

Su producción sacra es extensa y engloba más de ciento setenta composiciones entre las que destacan veintiséis misas (veintiuna para la Real Capilla), dos juegos de vísperas, un miserere, tres villancicos y ocho responsorios. El Oficio y Misa de difuntos gozó de gran éxito y fue profusamente interpretado hasta bien entrado el siglo XIX. En 1759 se volvió a interpretar en el funeral del rey Fernando VI con ciertas modificaciones de la partitura original y quedó en el repertorio de la Real Capilla como obra predilecta para exequias reales, además de interpretarse todos los años en el día de difuntos.

Se aprecia en la composición un estilo “internacional” de corte italiano equivalente al que predominaba en la Europa del momento. En España, como en todo el continente, habían recalado numerosos músicos italianos entre los que cabe destacar, por su cercanía a Nebra, los citados Farinelli o Scarlatti, así como una larga lista de otros autores de comedias, zarzuelas y divertimentos con quienes hubo de competir. En el campo de la música sacra, Sebastián Durón, José de Torres y Francesco Corselli, maestros que precedieron a Nebra, fueron fijando ciertas características propias de la música fúnebre española del siglo XVIII que también aparecen en el Oficio y Misa de difuntos; como el abandono de las piezas vocales con continuo por piezas concertantes con fragmentos para solistas y corales, cierta estandarización de la plantilla con la presencia recurrente de dos violines y dos flautas (traversos), la inclusión de Sequencia Dies irae en la composición y el uso de efectos buscando el impacto emocional en el oyente. Encontramos también algunos elementos arcaizantes propios de la música sacra española como son la plantilla vocal a doble coro SSAT y SATB, el uso del contrapunto imitativo heredado de la polifonía del Renacimiento y el empleo del cantus firmus.

Desconocemos por qué se le encargó a Nebra la composición de la música para el funeral de la reina siendo el vicemaestro de la Real Capilla; podemos suponer que por la estrecha relación que tuvo con ella desde el anteriormente citado encargo de la música para sus esponsales. Muy probablemente la obra estaba escrita, al menos en gran parte, meses antes de la muerte de la reina y reservada para la ocasión.

Para esta grabación se ha realizado la edición de la partitura a partir de las fuentes musicales custodiadas en el archivo del Palacio Real de Madrid. Además del juego de partes, tanto de la orquesta como de los dos coros, se ha conservado la partitura general manuscrita, que presumiblemente parece el material de trabajo del propio José de Nebra por la presencia de numerosas correcciones.

La música del Oficio y Misa de difuntos está escrita para doble coro (SSAT-SATB), orquesta de cuerdas, continuo y dos flautas (traversos). En toda la obra, el texto es el punto de partida que inspirará el carácter de cada número buscando su máxima expresión con el uso de elementos retóricos y descriptivos a través de la armonía, el ritmo y las texturas. En la mayoría de la obra las líneas vocales están tratadas de manera polifónica y contrapuntística contrastando con otros pasajes homofónicos de diálogos entre los dos coros y entre el bloque coral y el instrumental. En cuanto al tratamiento de la orquesta, Nebra la dota de una personalidad y desarrollo propios que van mucho más allá de sostener y doblar las voces de los coros. Estos recursos dan a esta composición una gran variedad que hace mantener en todo momento el interés y la atención del oyente.

La estructura del Oficio consta de cuatro números: el Invitatorio, con el texto Regem cui omnia vivunt, venite adoremus escrito en polifonía a cinco voces a capella y enmarcando la sección central en canto llano; el efectista Salmo Domine ne in furore a tutti y con la inclusión de una línea más de bajo solista; la lección primera Parce mihi Domine para soprano y orquesta; y la lección segunda Taedet animam meam caracterizada por un denso y cromático contrapunto imitativo entre las ocho voces de los dos coros.

La Misa de Requiem se articula a su vez en diez partes. Es especialmente destacable la elaboración de la secuencia Dies Irae, probablemente el número más efectista o que más claramente busca impactar emocionalmente en el oyente. En Lacrimosa encontramos una orquesta totalmente independiente al coro la cual realiza un acompañamiento de aire clásico con delicadas apoyaturas y plácidas líneas melódicas. Pie Jesu es uno de los números más intimistas donde el denso e imbricado contrapunto acumula momentos de gran tensión y expresividad. Frente a partes de la misa como las descritas anteriormente, de gran elaboración e independencia de las catorce líneas de coro y orquesta, encontramos otras como el Ofertorio, Domine Jesu Christe, que alterna secciones contrapuntísticas con otras de canto llano escritas a tutti, o el delicado y bello motete Circundederunt me, escrito a cuatro voces.

La relevancia del trabajo discográfico es grande, ya que se trata de la primera grabación íntegra de esta obra, la cual puede considerarse como pieza culmen de la música sacra del siglo XVIII español. La Comunidad de Madrid me encargó dirigir este Oficio y Misa de difuntos en 2018 con motivo del 250 aniversario de la muerte de José de Nebra en un concierto que tuvo lugar en la iglesia de las Salesas Reales, mismo lugar donde se interpretó por primera vez. La Comunidad de Madrid también subvencionó la posterior grabación de esta obra con las mismas agrupaciones que realizaron el concierto: Orquesta La Madrileña, Coro Victoria y Schola Antiqua. El concierto fue dedicado a la memoria de mi querido maestro y amigo don Jesús López Cobos, fallecido días antes y a quien quiero dedicar también la grabación del disco.

José Antonio Montaño


Presentación

Begoña Lolo, musicóloga, académica de Bellas Artes

José Antonio Montaño, director artístico y musical de La Madrileña

Ana Fernández-Vega, directora artística y musical del Coro Victoria

Juan Carlos Asensio, director artístico y musical de Schola Antiqua
 

Orquesta La Madrileña

José Antonio Montaño

Coro Victoria

Schola Antiqua

 

Requiem de José de Nebra (1758)

 

Galería de imágenes

Información

  • Sala Guitarte
  • Viernes 24 de enero, 12:00 horas
  • Entrada libre y gratuita hasta completar aforo

Organizan